Ayer llegó hasta mí un vídeo dónde se ve cómo los adiestradores de Marineland Mallorca maltratan a un delfín, gritos, patadas, puñetazos…

Lo compartí en Facebook y la gente se escandalizó, lógico, no está bien pegar a nadie, no, ni siquiera a los animales, pero a mi hay algo que me preocupa más, por supuesto que el maltrato me horroriza, pero a veces pienso que vivimos en los mundos de Yupi.

Hace años que pienso que los delfinarios, circos, zoos, acuarios son cárceles para animales, un lugar dónde se les explota, tanto económicamente como físicamente por el simple placer de servirnos de entretenimiento.

Hace tiempo que pienso que esos delfines, loros, focas, leones o elefantes no deberían pasar horas y horas al día practicando gracietas para entretenerme.

Que en lugar de estar en jaulas minúsculas, o piscinas, o cubículos (aunque intenten hacerlos parecer una selva) dónde deberían estar es en su hábitat, en libertad, corriendo, nadando o volando.

Que es vergonzoso que los usemos como objetos para nuestro propio beneficio y que es una aberración que estos lugares sigan existiendo.

Que tras lo que nosotros vemos se esconde miedo, sufrimiento, depresión.

Que ni yo, ni mis hijos vamos a contribuir a que estas injusticias se sigan perpetuando, porque está mal, porque no es ético, porque quiero enseñarles a mis hijos a respetar la vida, toda, en todas sus formas y colores.

Mis hijos nunca verán un elefante o un león, no verán un delfín, más que en fotos o tras una pantalla, en libertad, que es dónde todos ellos deberían estar.

Os invito a la reflexión.

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